Los resultados de PISA 2025 acaban de publicarse y para Guatemala contienen una señal que padres, educadores y autoridades educativas no deberían pasar por alto.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) identifica a Guatemala entre los países con algunas de las caídas más pronunciadas entre 2022 y 2025: más de 30 puntos en lectura y más de 20 puntos en ciencias.

Esto ocurre mientras niños y adolescentes tienen acceso sin precedentes a información, videos, redes sociales y herramientas de inteligencia artificial capaces de explicar, resumir y resolver tareas en segundos.

Pero debemos comenzar con una distinción fundamental: PISA no demuestra que las pantallas, las redes sociales o la inteligencia artificial hayan causado el descenso de Guatemala.

Lo que sí hace es aportar evidencia que invita a reflexionar sobre cómo estamos aprendiendo en un entorno cada vez más digital.

¿Qué pasó con Guatemala?

PISA evalúa las competencias de estudiantes de aproximadamente 15 años. En la edición 2025 participaron más de 760,000 estudiantes de 91 países y economías, representativos de unos 33 millones de jóvenes. Ciencias fue el área principal y también se evaluaron lectura, matemáticas y aprendizaje en el mundo digital.

LecturaMás de 30 puntos

de caída entre PISA 2022 y PISA 2025.

CienciasMás de 20 puntos

de caída entre ambas ediciones.

Promedio 2025351 puntos

en ciencias para Guatemala.

La magnitud importa. La OCDE utiliza aproximadamente 20 puntos como referencia del avance promedio observado durante un año de escolarización alrededor de esta edad, aunque advierte que ese ritmo varía considerablemente entre países.

Por ello, no sería correcto afirmar que Guatemala “perdió uno o dos años de educación”. Sí podemos afirmar que estamos ante un retroceso considerable que merece atención.

¿Es la tecnología responsable?

No podemos afirmarlo.

El propio informe muestra que el deterioro académico observado internacionalmente comenzó antes de la pandemia en numerosos sistemas educativos.

En lectura, la OCDE señala que una mayor digitalización, más tiempo frente a pantallas y una disminución de la lectura por placer han coincidido con resultados más débiles.

La palabra importante es coincidido. Una asociación no demuestra que una cosa haya causado la otra. Por eso sería incorrecto decir que PISA demostró que TikTok, los teléfonos, ChatGPT o las redes sociales provocaron la caída educativa de Guatemala. Sin embargo, el entorno digital sí merece nuestra atención.

Cuando leer rápido no significa comprender mejor

Uno de los hallazgos internacionales más interesantes de PISA 2025 es que entre 2018 y 2025 casi se duplicó la proporción de los llamados “lectores apresurados”: estudiantes que recorren rápidamente los textos y responden de manera precipitada e incorrecta.

La OCDE plantea como posible explicación —no como causalidad demostrada— la disminución de la lectura por placer y el desplazamiento hacia formas de lectura digital más rápidas.

Esto resulta especialmente importante en la era de la inteligencia artificial. Hoy podemos pedir un resumen sin leer el documento completo, obtener una respuesta sin investigar o solicitar a una IA que resuelva un problema antes de haber intentado comprenderlo.

La tecnología puede acelerar enormemente el acceso a la información. Pero obtener una respuesta más rápido no significa necesariamente comprenderla mejor.

¿Entonces debemos sacar las pantallas de las aulas?

PISA tampoco respalda una conclusión tan sencilla.

El informe señala que un uso moderado de dispositivos digitales para aprender está asociado con mejores resultados en ciencias, mientras que el uso excesivo y la distracción digital están asociados con resultados más bajos.

La conclusión no es que toda pantalla sea perjudicial. El desafío es aprender a distinguir entre tecnología que ayuda a aprender y tecnología que interrumpe el aprendizaje.

Incluso respecto a las prohibiciones de teléfonos en las escuelas, PISA advierte expresamente que sus datos no permiten establecer causalidad. No podemos asegurar simplemente que prohibirlos mejorará las calificaciones.

Enseñar a utilizar la tecnología sin permitir que la tecnología controle nuestra atención.

Inteligencia artificial: ayudar a pensar, no pensar por nosotros

PISA 2025 también entra en una conversación que ya está presente en muchos hogares y colegios. La OCDE considera que la inteligencia artificial puede utilizarse para actividades específicas, como ofrecer retroalimentación y práctica personalizada.

Pero establece una diferencia fundamental: la tecnología debería sumarse al esfuerzo del estudiante, no sustituirlo.

Un adolescente puede utilizar IA para pedir otra explicación de algo que no comprende, practicar preguntas o comparar razonamientos. El problema aparece cuando la utiliza para obtener inmediatamente una respuesta, entregar un trabajo que no comprende o evitar el esfuerzo intelectual que precisamente necesitaba desarrollar.

Completar una tarea no siempre significa haber aprendido. En un mundo donde una máquina puede producir respuestas extraordinarias en segundos, la capacidad humana de preguntar, analizar, comprobar y razonar adquiere todavía más valor.

La pregunta que podemos llevar a casa

Los resultados de Guatemala requieren respuestas del sistema educativo. Pero el aprendizaje de nuestros hijos no ocurre solamente dentro del colegio. También sucede en casa.

Además de preguntar “¿Cuánto tiempo estuviste hoy con el teléfono?”, podemos comenzar a preguntar:

  • ¿Qué aprendiste?
  • ¿Cómo llegaste a esa respuesta?
  • ¿Cómo sabes que esa información es verdadera?
  • ¿Intentaste resolverlo antes de preguntarle a la IA?
  • ¿Podrías explicármelo ahora sin utilizar el teléfono?

El centro de la conversación cambia. Ya no estamos hablando solamente de controlar minutos de pantalla. Estamos hablando de formar atención, criterio, autonomía y pensamiento crítico.

No necesitamos hijos que solamente sepan usar tecnología

PISA 2025 llega en un momento decisivo. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para acceder a información y resolver problemas. Precisamente por eso necesitamos proteger capacidades que ninguna aplicación debería reemplazar:

concentrarse, leer profundamente, hacer preguntas, perseverar ante una dificultad, verificar información, razonar y construir un criterio propio.

Para Guatemala, los resultados son una advertencia. No identifican una única causa ni ofrecen una solución sencilla.

Preparar a nuestros hijos para el futuro digital no significa solamente enseñarles a utilizar tecnología. Significa enseñarles a pensar en un mundo donde la tecnología puede pensar por ellos.

Un llamado a padres y educadores

No necesitamos declarar una guerra contra las pantallas ni tener miedo de la inteligencia artificial.

Necesitamos recuperar espacios donde nuestros hijos puedan leer sin interrupciones, conversar, resolver dificultades, equivocarse, volver a intentarlo y aprender sin recibir inmediatamente la respuesta de una pantalla.

La tecnología puede ser una extraordinaria herramienta educativa cuando existe propósito, acompañamiento y límites.

Esta semana podemos comenzar con una pregunta sencilla cuando nuestros hijos terminen una tarea: “Explícame qué aprendiste.”

No para examinarlos. Para devolver el aprendizaje al lugar donde realmente importa: su mente, su criterio y su capacidad de pensar por sí mismos.

En Recurso Empresarial promovemos una relación con la tecnología basada no solamente en restricciones, sino en formación, acompañamiento y propósito.

Fuente oficial

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