Durante años, buena parte de la prevención digital se resumió en una advertencia: «no hables con desconocidos en Internet». El consejo sigue siendo útil, pero un nuevo informe de UNICEF muestra que resulta insuficiente. En el 57 % de los casos analizados, la explotación o el abuso sexual facilitado por tecnología involucró a una persona que el niño o adolescente ya conocía.
El segundo hallazgo es igual de importante: más de 4 de cada 10 experiencias nunca fueron contadas a nadie y menos del 1 % llegó a la policía, a un trabajador social o a una línea de ayuda. Proteger no consiste solamente en reducir exposición o configurar un dispositivo. También requiere que cada adolescente sepa a quién acudir y confíe en que será escuchado sin culpa.
¿Qué ocurrió?
UNICEF publicó el 3 de septiembre de 2026 el informe Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse —A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil—, elaborado dentro del proyecto Disrupting Harm, desarrollado junto con ECPAT International e INTERPOL.
El estudio reúne encuestas representativas a nivel nacional realizadas a cerca de 21,000 usuarios de Internet de 12 a 17 años en 21 países de África, Asia, América Latina y el Caribe y Europa del Este. También incorpora más de 100 entrevistas en profundidad a jóvenes que sufrieron abuso durante su infancia y un análisis de las respuestas institucionales.
La investigación se desarrolló en dos rondas. La primera recopiló datos principalmente entre 2020 y 2021 en 12 países; la segunda, entre 2024 y 2025 en otros nueve. Entre los países latinoamericanos incluidos están Brasil, Colombia, República Dominicana y México.
Cinco datos importantes
- Unos 20 millones de menores fueron afectados en un solo año. La estimación equivale a casi 1 de cada 5 usuarios de Internet de 12 a 17 años en los 21 países estudiados. No es el número de participantes encuestados, sino una estimación poblacional construida a partir de las encuestas nacionales.
- Los espacios cotidianos concentraron buena parte de los casos. Cerca del 60 % ocurrió en redes sociales convencionales y otro 14 % en juegos en línea.
- El riesgo no provino únicamente de desconocidos. El 57 % de los casos involucró a alguien que el menor ya conocía, como otro niño o adolescente, una pareja, una amistad o un familiar. En el 38 % de los casos, el primer contacto con la persona ocurrió por Internet. Los dos datos no deben presentarse como categorías necesariamente excluyentes.
- El silencio dejó a muchos menores sin apoyo. Más de 4 de cada 10 casos no se contaron a nadie y menos del 1 % llegó a la policía, a un trabajador social o a una línea de ayuda. El motivo más común para callar —mencionado en el 25 % de esos casos— fue no saber dónde acudir o a quién decírselo.
- La inteligencia artificial amplía el riesgo. El informe pide que plataformas y leyes respondan a la extorsión sexual y al material abusivo generado mediante IA. En una declaración complementaria de febrero de 2026, UNICEF informó que al menos 1.2 millones de menores de 11 países dijeron que sus imágenes habían sido manipuladas para crear deepfakes sexualizados durante el año anterior; en algunos países, la estimación fue cercana a 1 de cada 25.
¿Por qué importa?
Estos resultados obligan a ampliar la conversación familiar y educativa. Los límites de tiempo, los filtros y la privacidad siguen siendo útiles, pero no reconocen por sí solos una relación que se ha vuelto abusiva ni garantizan que un adolescente contará lo sucedido.
El modelo preventivo puede expresarse así:
Tiempo → Contenido → Contactos → Datos → Confianza → Ayuda
Los dos últimos elementos son decisivos. El menor necesita saber que puede hablar sin ser culpado o castigado automáticamente con la pérdida del dispositivo, y que la familia, el colegio o la comunidad tienen adultos identificados y una ruta clara para actuar. El informe señala que algunos jóvenes guardaron silencio precisamente por miedo a perder el acceso a sus dispositivos.
La alerta sobre IA también modifica un consejo tradicional. Ya no basta con decir «no envíes fotografías privadas»: una imagen cotidiana puede copiarse, alterarse o utilizarse para suplantar y amenazar. Conviene revisar quién ve las fotografías familiares, quién puede enviar mensajes y qué datos revelan rutinas o ubicaciones.
Una acción para esta semana
Acuerden en familia o en el centro educativo dos adultos concretos a quienes un adolescente pueda acudir y practiquen una frase breve que pueda recordar:
Si algo que ocurre en Internet te hace sentir presionado, amenazado, avergonzado o te pide guardar un secreto que te incomoda, no tienes que resolverlo solo. Detén la interacción y busca inmediatamente a un adulto de confianza.
Cuando sea seguro, conviene conservar nombres de usuario, enlaces, fechas y mensajes de amenaza, pero sin descargar ni reenviar imágenes sexuales. Un adulto debe buscar orientación de los servicios de protección o autoridades correspondientes; ante peligro inmediato, debe contactar a los servicios de emergencia locales.
Fuentes consultadas
- Fuente primaria: UNICEF Innocenti. Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse, publicado el 3 de septiembre de 2026.
- Fuente primaria: UNICEF Innocenti. A través de los ojos de la infancia — Resumen ejecutivo en español, septiembre de 2026.
- Fuente primaria: UNICEF América Latina y el Caribe. Uno de cada cinco niños y niñas de 21 países ha sufrido explotación y abuso sexual facilitados por la tecnología, 3 de septiembre de 2026.
- Fuente primaria: UNICEF. Deepfake abuse is abuse, 4 de febrero de 2026.
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